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Rocío Molina

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De un tiempo a esta parte nos hemos llenado de términos en inglés que se han convertido indispensables del día a día. Esto se acentúa todavía más si tenemos un blog. El marketing online está plagado de anglicismos. Es fácil que si eres nuevo, te encuentres rodeado de palabras que no te suenan a inglés, sino a chino.

No desesperes, porque esa sensación de no entender nada es universal para todos cuando nos adentramos en la blogosfera. Lo normal es que con el uso estas expresiones se incorporen en nuestro vocabulario de la forma más natural.

Existen miedos que están en nosotros y nos acompañan en la oscuridad. Estamos en la cama y nos esperan impacientes tras la puerta. Estos temores inspirados en traumas de la infancia o en historias puntuales terminan calando hondo. Son la sombra en la distancia con la que el escritor tiene que jugar para hacer del terror psicológico todo un arte.

Este tipo de miedos se forman en nuestra mente, atienden a nuestro mundo subjetivo y se alejan del terror más gráfico. Ya no está presentado por monstruos, brujas, vampiros, zombis, casas encantadas y cantidades industriales de sangre.

Te invito a un reto. Sí, sí, a ti, que se te queda pequeño un post o un relato. Tú, que eres diestro y hábil con la pluma, bolígrafo o en cualquier teclado. Tú, apasionado de la escritura y siempre tan lleno de ideas y a falta de empuje para llevarlas a cabo, te ofrezco una solución:

La única condición es que para lograr tu objetivo tendrás que escribir durante un mes sin parar. Te estarás preguntando que cómo lo puedes hacer. A través de un ejercicio perfecto de planificación y mucha voluntad, y esto se consigue participando en un NaNoWriMo.

Hay oportunidades únicas en la vida y una de ellas la tenemos en el preciso y crucial momento de la elección de un seudónimo para nuestra obra. Es una opción que tiene poco de espontánea y mucho de estudiada para permitirnos rebautizarnos y ofrecer un toque personal bajo el amparo escogido del anonimato.

Llegados al punto de tener que encontrar ese sobrenombre que nos acompañe, identifique y hasta reemplace nuestra identidad no podemos conformarnos con utilizar la primera idea que se nos venga a la cabeza.

La búsqueda de la condición fría y oscura del ser humano es en lo que se cimienta todo relato que se preste al terror. Es un género que cultiva el miedo y sus emociones asociadas como principal objetivo, estructurando todo al detalle para que tanto el impacto como el interés sean continuos desde el inicio de la lectura hasta el final.

Este sentimiento que produce puede ser causado unas veces por otros humanos, aunque lo más habitual es que sean seres propios del mundo paranormal como vampiros, monstruos o espíritus los que se encarguen de despertar nuestras mayores pesadillas

Una historia en la que interviene un héroe es más compleja de lo que podamos creer. El atractivo que desprenden las hazañas de un personaje llevadas al extremo no es una cuestión ni infantil ni banal que se aleje de la razón. El héroe es mucho más que una personalidad plana dotada de poderes o fuerzas sobrenaturales en busca de un fin concreto.

Es un símbolo de la voluntad, del control y la constancia, trabajados con dureza a lo largo de un camino muy complejo.

Estamos de acuerdo en que buscar la originalidad resulta una tarea a veces titánica en un mundo en el que casi todo está inventado. El intento de la exclusividad completa de una ficción es un trabajo duro y siempre estará inspirado en escenarios, historias y personajes que de algún modo se han terminado colando en nuestras vidas.

Eso, lector, es una concesión que todo escritor se permite, pero el problema lo encontramos cuando los clichés terminan devorando la novela.

Guiados por el éxito del que goza el género de novela policiaca vamos a formar parte de una investigación como si fuéramos los mismos detectives protagonistas de este tipo de narrativa, en busca de respuestas a este misterio.

Para ello tenemos que ser muy astutos y distintos al común de los mortales. Dos ingredientes imprescindibles si queremos ser detectives a la altura de este tipo de prosa tan envolvente. Siendo conocedores también de que las buenas novelas policiacas siguen prácticamente a pies juntillas una serie de elementos muy identificativos, vamos a desmontar sus principales secretos.

Pongámonos a prueba y veamos hasta dónde sabemos sobre el concepto de agente literario. Si la primera imagen que os evoca esta figura es la de un ser casi divino dotado con anteojos (resulta todavía más severo) y aspecto distante, tenemos importantes motivos para seguir leyendo. Al final del artículo espero que esa imagen haya cambiado y controléis todos los mecanismos que rodean a este tipo de intermediarios.

El primer paso para ofrecer una visión auténtica de lo que es un agente literario nos lo da el propio contexto. Se sitúa como el mediador entre el escritor y las editoriales. Su función empieza con la necesidad del escritor por ver reconocido su trabajo. Aquí es donde el agente literario entra en acción para poner en el mercado las obras de sus representados y lograr con ello el mayor beneficio posible.

Los correctores automáticos nos han librado en más de una ocasión de los bien llamados patinazos ortográficos. Echarles la culpa es una buena forma de salvar nuestras carencias en un momento dado. Eso se ha convertido ya en todo un clásico al que hay que añadir las prisas con las que nos movemos diariamente.

Estamos de acuerdo en que estos dos factores no nos hacen ningún favor, pero la realidad es que los fallos de ortografía están ahí por todas partes. Su razón reside en el puro desconocimiento y algunos de tanto repetirse hemos terminado interiorizado como correctos.