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Rocío Molina

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«No es bueno que el hombre esté solo», Génesis 2, 18-23a

Todo camino resulta más ligero y sencillo si se tiene compañía. Es por ello que una narración no será completa si no cuenta con todos los engranajes que hagan que el protagonista finalmente brille. Serán unos eslabones estudiados que unen y a veces separan, que emocionan, dan credibilidad, provocan enfado y otras tantas veces ternura.

Muchos escritores lo tendrán claro desde el principio. Junto con la trama de su historia también les acompañará un nombre para la obra. Esto les servirá de punto de partida. Ellos serán de los privilegiados que cuenten desde el origen con una guía porque, por lo general, escoger el título para una novela es una de las partes más complicadas.

Le podemos dar muchas vueltas y seguro que dudaremos entre la búsqueda del impacto o de lo emocionante. El título en sí mismo será ya una clave interpretativa, tal como definió Umberto Eco en su explicación para la decisión tomada en El nombre de la rosa. Su elección se debió a que la rosa es una figura simbólica llena de significados. Para él representaba al laberinto que escondía el tesoro de los libros.

Irremediablemente el oficio y pasión por escribir necesitan mucho tiempo para poder obtener resultados y más si estos se traducen en un objetivo de ventas. Para la mayor parte de los mortales el problema se encuentra en conciliar la rutina agotadora con una actividad que requiere paciencia, documentación y altas dosis de imaginación.

Aunque el principal factor para ganar puntos en la tarea de escribir con creatividad sea hacerle el hueco necesario, también podemos poner en práctica algunos trucos simples y lógicos que animarán a las musas a pasarse y quedarse más tiempo en nuestra cabeza.

La crítica forma parte de nuestra vida y la respuesta que tenemos por lo general ante ella es negativa. Su objetivo es nuestra mejora, pero de primeras nos puede llegar a sentar bastante mal. No es mi intención trabajar un artículo de autoayuda, pero sí en una crítica a tiempo para mejorar. No hace falta que lo neguemos porque eso sería faltar a la verdad y rechazar una sensación universal. Todos en algún momento…

Juguemos a ser dioses, recreemos mundos inventados y personajes a nuestra medida. Busquemos escenarios, sorpresas y emociones. Mezclemos todo bajo una trama y hagamos una historia que podamos firmar. Pero todo ello siempre con un hilo conductor y mucha coherencia.

Ser escritor es ser creador, un pequeño dios en potencia que da vida y emociones a personajes que han salido de la mezcla explosiva entre cabeza y corazón. Su responsabilidad entonces es elevada. Porque logra atrapar a los lectores, jugar con ellos, darles mil vueltas hasta llegar a un sabor amargo o dulce al final.

Había una vez en un lugar no demasiado lejano una fábrica abandonada. Ese rincón estaba al alcance de todos, pero nadie se había percatado del tesoro que escondía. El destino quiso ponérmela en el camino y curiosa como siempre me aventuré en sus entrañas. Allí como una auténtica inspiración me encontré con la colección más grande de cuentos que jamás había imaginado. Los había con ilustraciones o cargados de moraleja; llenos de colores y…