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Pongámonos a prueba y veamos hasta dónde sabemos sobre el concepto de agente literario. Si la primera imagen que os evoca esta figura es la de un ser casi divino dotado con anteojos (resulta todavía más severo) y aspecto distante, tenemos importantes motivos para seguir leyendo. Al final del artículo espero que esa imagen haya cambiado y controléis todos los mecanismos que rodean a este tipo de intermediarios.

El primer paso para ofrecer una visión auténtica de lo que es un agente literario nos lo da el propio contexto. Se sitúa como el mediador entre el escritor y las editoriales. Su función empieza con la necesidad del escritor por ver reconocido su trabajo. Aquí es donde el agente literario entra en acción para poner en el mercado las obras de sus representados y lograr con ello el mayor beneficio posible.

Los correctores automáticos nos han librado en más de una ocasión de los bien llamados patinazos ortográficos. Echarles la culpa es una buena forma de salvar nuestras carencias en un momento dado. Eso se ha convertido ya en todo un clásico al que hay que añadir las prisas con las que nos movemos diariamente.

Estamos de acuerdo en que estos dos factores no nos hacen ningún favor, pero la realidad es que los fallos de ortografía están ahí por todas partes. Su razón reside en el puro desconocimiento y algunos de tanto repetirse hemos terminado interiorizado como correctos.

«No es bueno que el hombre esté solo», Génesis 2, 18-23a

Todo camino resulta más ligero y sencillo si se tiene compañía. Es por ello que una narración no será completa si no cuenta con todos los engranajes que hagan que el protagonista finalmente brille. Serán unos eslabones estudiados que unen y a veces separan, que emocionan, dan credibilidad, provocan enfado y otras tantas veces ternura.

Muchos escritores lo tendrán claro desde el principio. Junto con la trama de su historia también les acompañará un nombre para la obra. Esto les servirá de punto de partida. Ellos serán de los privilegiados que cuenten desde el origen con una guía porque, por lo general, escoger el título para una novela es una de las partes más complicadas.

Le podemos dar muchas vueltas y seguro que dudaremos entre la búsqueda del impacto o de lo emocionante. El título en sí mismo será ya una clave interpretativa, tal como definió Umberto Eco en su explicación para la decisión tomada en El nombre de la rosa. Su elección se debió a que la rosa es una figura simbólica llena de significados. Para él representaba al laberinto que escondía el tesoro de los libros.

Cualquier escritor sabe que las primeras frases de una novela determinarán que el lector continúe o no leyendo. Así que piensa bien cómo va a ser tu inicio.

Todos lo hemos experimentado: con solo un vistazo al principio ya sabemos que ese estilo no nos atrae lo más mínimo, es muy recargado o, por el contrario, muy austero… Pero, al margen de la técnica del autor, nos encontramos con la trama, la primera aproximación.