Toda novela se sustenta en los personajes que la habitan. Por eso, debemos dedicarle especial atención a esta parte fundamental de cualquier relato.

 

En este artículo os vamos a ayudar a aprender a darles forma, presentarlos y hacer que sean atractivos para el lector.

Define tus personajes

Conócelos

Como creador absoluto del mundo y de sus habitantes, debes conocer todo sobre él: el color de ojos, quiénes son sus padres, cuáles son sus miedos… Toda esa información puede aparecer o no, pero para darle profundidad al personaje debes dar todos los detalles posibles. Para eso se utilizan las fichas de personajes, de las que hablaremos en otra ocasión.

 

Los datos que te hemos mencionado, si quieres que aparezcan, no tienen que hacerlo en tropel la primera vez que presentes a tu personaje. Dosifícalos, haciendo que aparezcan bien repartidos por la novela y que siempre vengan al caso, que no se note que ha sido con calzador.

 

Si no das estos detalles psicológicos tu personaje será plano, ya que solo sabremos una parte muy sesgada de cómo es. Los personajes planos solo están bien utilizados si se tratan de secundarios-extras, ya que no pueden tener más peso que el protagonista y el exceso de información sobre su persona no aporta nada a la trama.

 

Para que os hagáis una idea, ocurre lo mismo en la vida real: seguro que conocéis una persona (compañero de clase o trabajo) del que teníais muy poca información, pero que os contó algo personal y de pronto lo visteis de otra manera, como si fuera más humano.

 

Pues con vuestros personajes debe pasar lo mismo.

 

Su nombre también nos dará información acerca de quién es y cómo es. Pero en esto no profundizaremos aquí, ya que hay todo un artículo dedicado al tema.

 

Evita los clichés (la animadora guapa, el informático rarito, la bruja malvada…). Debes conseguir que tu protagonista sea un arquetipo (que no estereotipo), alguien con el que sentirse identificado en cualquier época y lugar del planeta.

 

Y, como muchas veces decimos, una novela es un cortejo, así que debes conseguir que tu protagonista enamore al lector, que se interese por conocerlo más y seguir leyendo. Una vez que lo tengas en tus redes permite que lo conozca en profundidad.

 

Juega con el pasado del personaje, dale un secreto que no quiera contar al resto de personajes. Todos tenemos uno (o unos cuantos), y ellos no van a ser menos. Este conflicto hará que se mantenga el suspense y logrará atraer la atención del lector.

 

Y, por último pero más importante, debes darle un deseo a tu protagonista. Debe querer algo (libertad, al chico de sus sueños, un empleo mejor…) y el antagonista tratará de impedirle que lo alcance. Si tu personaje no quiere nada no tendrás de dónde partir y la trama avanzará sin sentido.

 

Si consigue su deseo o no, está en tus manos, pero como mínimo debe intentarlo.

 

Muéstralos

Es muy recurrente que cuando aparece un personaje por primera vez lo describamos así:

Sara es rubia y de ojos azules. Lleva una camiseta verde y un pantalón azul. Además de guapa, es muy inteligente.

 

No está mal, pero es más efectivo si mostramos cómo es a medida que avanza la trama, sin paralizarlo todo para presentarlos.

Sara quitó su rubia melena del hombro con la mano. Se alisó la camiseta verde, perfectamente combinada con sus pantalones azules, a juego con sus ojos. Acto seguido, levantó la mano para responder la pregunta del profesor.

 

Como veis, hemos dado la misma información (además hemos añadido que se preocupa por su imagen) y ha sido más efectivo mostrar: “levantó la mano para responder la pregunta del profesor” que decir “es muy inteligente”. Así se logra mayor empatía del lector con el personaje.

 

Este consejo debéis aplicarlo a todo lo que podáis en vuestra novela, especialmente en las escenas de acción

 

También dais a conocer a los personajes por sus pensamientos (de manera directa o indirecta, a través del narrador) y por lo que dice. Sobre todo, si juegas con el contraste entre lo que dice y lo que piensa, mostrando sus contradicciones, lograrás darle mayor profundidad. Porque, ¿quién no ha dicho nunca algo que no pensaba?

 

Y, sobre todo, introduce detalles cotidianos como limpiar, vestirse o escribirse con la familia. Estas escenas ayudarán a definir al personaje y le darán humanidad.

 

Los secundarios también sirven para ilustrar a tu protagonista, porque interpretaremos cómo se comporta con ellos y dejará al descubierto su manera de ser.

 

Quiérelo

A nadie le gusta la gente negativa. Si tu personaje se pasa todo el rato quejándose de lo dura que es la vida, el lector cerrará tu libro. Es cierto que existen drama queens, pero no hace falta que tu novela tenga uno como protagonista.

 

Lo mejor es que sea alguien que quiere luchar, aunque inicialmente crea que no va a ser capaz de superar las dificultades. Si quieres que tu personaje sea una persona que se autocompadece continuamente haz que evolucione y que empiece a valorar la vida.

 

Tampoco decimos que nunca lloren, ni que no se hundan. Es imprescindible que muestren sentimientos, pero lo que no puedes dejar es que se quede todo el tiempo encerrado en su cuarto llorando. Así ni hay trama ni nada.

 

También dale defectos. Si todo lo hace maravillosamente bien, todos le adulan, es el centro de atención… siento decirte que tienes un Mary Sue o Gary Stu.

 

Es muy importante que le dotes de una característica que le diferencie de los demás, que le haga único. Puede ser que tenga una enfermedad, su manera de ver el mundo, su carácter violento… Algo que permita diferenciarlo de su entorno y que condicione su manera de ser.

Define tus personajes

Evoluciónalo

Una vez tengas definido tu protagonista piensa que debe evolucionar durante el relato. Si empieza y acaba igual significa que todo lo que ha vivido no ha servido para nada y, a menos que sea tu intención, es una mala señal.

 

Así que decide cómo quieres que sea tu personaje al acabar ese “viaje”.

 

No tiene por qué mejorar con todo el proceso. Mirad a Katniss de Los Juegos del Hambre. Es innegable que esa chica se queda totalmente traumatizada y desequilibrada mentalmente.

 

Así que sé coherente con lo que quieras transmitir, no es necesario que todo acabe bien.

 

Nuestra pregunta

¿Qué elementos utilizas para darle profundidad a tus personajes?

Author

27 años. Cofundadora de Literup. Licenciada en Periodismo, con un máster en Escritura Creativa y actualmente doctoranda de comunicación. Autora participante y editora de 'La isla del escritor'.

6 Comments

  1. En mi caso hago una idea base, a menudo con pequeñas fichas, y poco a poco voy añadiendo ideas que tengo para su historia y desarrollo. A menudo, a raíz de lo dicho, a medida que voy escribiendo sobre ellos (Y a veces roleando con ellos) los personajes van tomando conciencia y vida propia. Al final se establece una lucha entre ellos y yo, en la que intentamos tener el control y la cosa acaba con algo a medias. Yo pongo detalles, y ellos hacen su parte, siempre, claro está, dentro de mi idea, y si algo no me convence soy yo quien decide si se mantiene o no, dependiendo de si cuadra.

  2. Me encanta la sencillez con que expones tus recomendaciones para la creación de personajes. Este artículo me cae como anillo al dedo en este momento, ya que en el curso de escritura creativa en el que estoy participando comenzamos a estudiar este asunto.

    Me encanta la idea de “juega con el pasado del personaje, dale un secreto que no quiera contar al resto de personajes.” Hace unas semanas terminé de leer una novela (no diré el nombre para no spoilear con lo que escribiré a continuación) en que la protagonista, una chica joven de dieciséis años, con quien por cierto me identifiqué mucho a pesar del género y la edad (yo hombre, de treinta y cinco años), tiene un problema en su pie que procura que las demás personas lo noten. Esto le genera conflictos a lo largo de la historia y esta condición resulta ser un aspecto crucial para el desenlace.

    La escritora también presenta un personaje al que se le nota que disfruta de lanzar cuchillos a los troncos. Cada que leía estas escenas, tu sabes, el chico lanzando una y otra vez un cuchillo que se enterraba en la corteza del tronco, pensaba; bueno, que afán de insistir en esto. Al final, así es como mata al malo malísimo de la historia; con un cuchillo que se clava directo en su garganta. Entiendo que sin el registro de tanto entrenamiento la situación habría parecido poco creíble, pero vaya que cuando eso sucedió yo ya estaba convencido de que el chico era buenísimo con los cuchillos, así que me gustó la escena, y el personaje, por supuesto.

    Gracias por tus recomendaciones, comparto 😀 ¡Saludos de un aspirante a escritor de México!

  3. ¡Fabuloso!
    Por otro lado (y no sé si vayan a odiarme por esto), creo que el personaje principal no siempre tiene que ser el bueno de la historia y el final no siempre tiene que ser el “vivieron felices por siempre”. Soy partidaria de las historias diferentes, donde el protagonista no es tan bueno o buena como se creería, donde el final es inesperado y sorprendente porque algún personaje tomó un camino que nadie conocía (lo que se conoce como puntos de giro en escritura para guiones). Aunque no son libros (al menos no que yo sepa), la película “Seven” muestra claramente lo que quiero decir con el final inesperado, y las películas “La Naranja Mecánica” y “Buffalo 66” muestran los protagonistas no tan buenos. Puede que hayan mejores ejemplo, pero por el momento, son los que me llegan a la mente. En cuanto a la empatía que queramos generar entre el personaje y el lector, lo siento, pero sigo insistiendo en que no siempre tenemos porqué sentirnos identificados con el bueno; a veces el villano nos resulta más cercano y llegamos a quererlo más que al bueno. Casos como John Doe “Seven”, The Joker “Batman”, Loki “Thor” (sólo los menciono a ellos porque son mis villanos favoritos ♥) son personajes malos que han sido mejor aceptados que los buenos (casi siempre).
    El caso es que este artículo me recordó mi clase de caracterización del personaje en guiones, que es igual para novelas. Y recordé los largos debates que tenía con mis compañeros y mi profesor porque casi siempre yo pensaba diferente — mi profesor decía que en el fondo yo era muy mala y por eso la empatía con los villanos, jajaja–.
    No sé si después de todo este conjunto de palabras me hice entender. Es mi punto de vista y no trato de decir -ni de broma- que yo tengo la última palabra o que este artículo está mal; por el contrario, me parece GENIAL, y creo que todo es válido siempre y cuando le de forma a la historia y al personaje.

    • Estoy de acuerdo con lo de los personajes “malos”. Creo que crear antagonistas bien construidos e incluso carismáticos es un don que no todos los escritores poseen o explotan. Y tener un buen villano muchas veces aporta mucho a la historia.

  4. Yo lo visualizo imaginándolo como alguien conocido o como algún personaje famoso y, desde esa imagen mental, completo su personalidad. Así me resulta más sencillo imaginarme las escenas con el personaje y, recordando su imagen, arrastro toda esa personalidad que le he creado.

  5. Hasta hace muy poco yo era de las que se lanzaba a la aventura con las ideas principales de los personajes, que al principio estaba genial porque era muy divertido, pero después se quebraban, puesto que todos acaban pareciéndose los unos a los otros y mi historia acaba siendo un amasijo de nombres distintos y personalidades iguales. Ahora, estoy haciendo fichas exhaustivas sobre la forma del personaje, el trasfondo, etc… Este método es mucho mejor, y tengo las ideas mucho más claras pero tengo una pequeña duda:
    En dos historias paralelas, el narrador es a la vez primera persona en una de ellas y omnisciente en la otra. La idea de este personaje es hacerlo en la historia que vive de primera mano un tanto plano y sin mucha profundidad para darle, a los demás personajes un contraste de más intensidad ¿Hay algún método o truco para dotar a este personaje de la profundidad que cualquiera de ellos necesita, pero sin acabar con esa impresión que quiero dar?

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