¿Qué sabes en realidad del carnaval? ¿Conoces su origen? ¿Y qué hay de las tradiciones que se conservan en España? Nos encantan las máscaras, los bailes y los espectáculos relacionados con estas fiestas, pero la mayoría de nosotras no tenemos muy claro a qué se deben. Pues bien, es el momento de tomar tu antifaz, sacar una matraca y leer historias de carnaval con raíces tan hondas como para atravesar el planeta.

historias de carnaval

Historia del carnaval: tres fiestas romanas donde empezar a buscar el origen de esta celebración milenaria

Vamos a hablar de las calendas, las saturnales, las lupercales  y las maternalias, pero poquito. Lo justo para dejarte un hilo desde donde tirar. Si quieres nuestra recomendación estrella, empieza por hacerte con El carnaval, de Julio Caro Baroja.  Si te interesan las tradiciones y el folklore, es un autor de referencia especializado, entre otros, en historias de carnaval.

 

Las calendas de enero

El mismo Caro Baroja explica que, aunque se ven conexiones entre las calendas, las saturnales y las maternalias, no conviene deducir que estos proceden directamente de aquellas. Al fin y al cabo, la evolución de las fiestas populares es un fenómenos complejo en el que intervienen muchos factores. Pero no nos liemos. Aquí hemos venido a por curiosidades sobre historias de carnaval.

Las calendas de enero se celebraban en honor de Jano, en Roma. Jano era un dios similar a Júpiter, y no una divinidad secundaria, como se creyó durante un tiempo.

Durante estas fiestas, las calles se llenaban de comparsas de hombres disfrazados, a menudo de mujeres, pero también de animales y de monstruos. Hay evidencias de que uno de los disfraces femeninos molestaba especialmente a los padres de la iglesia. Se trataba de los hombres vestidos de hilanderas. Curiosamente, el carnaval asturiano conserva una figura similar: la filadora.

Estos hombres disfrazados cantaban, se hacían bromas y no era raro que el jolgorio acabase en conocimiento (o desconocimiento, porque aquello era una cosa muy loca) carnal. Conocimiento carnal, sí. No es casualidad que el Carnaval tenga ese nombre.

 

 

Las saturnales: segunda pista en la historia del carnaval

Las saturnales se celebraban en lo que ahora conocemos como mes de diciembre. Alrededor del actual 17 se hacía un sacrificio a Saturno y se celebraba un banquete público. Así se daba inicio a la celebración. Después, cada familia hacía sus sacrificios privados y se intercambiaban regalos.

Durante estas fiestas se dejaba a los esclavos en libertad, y amos y esclavos compartían mesa. Los esclavos incluso podían satirizar a sus amos. Quédate con este detalle porque luego hablaremos un poquito de la saga de películas de La purga y su conexión con el carnaval. Te va a encantar.

En las saturnales se elegía a un rey que solo reinaba ese día y las bromas estaban a la orden del día. Hay quien relaciona esta fecha con los actuales Santos Inocentes. Lindsey Davis ambienta en estas fiestas su obra Las saturnales, un misterio con detective a medio camino entre la novela negra y la histórica que devorarás sin darte cuenta.

 

Las lupercales

En la cueva Lupercal, en el monte Palatino, se celebraba, allá por el 15 de febrero, un ritual un tanto extraño. La primera parte consistía en un sacrificio de varios machos cabríos y un perro. Las vírgenes vestales, quizá porque no solo de proteína vivían los dioses, ofrecían su parte de carbohidratos en pastelitos hechos con las primeras espigas de trigo (sí, yo también espero que fuera con los primeros granos, pero las fuentes son las fuentes).

La segunda parte de la fiesta consistía en llevar a niños al lugar de la matanza y untarles la frente con sangre del sacrificio. Luego los limpiaban con paños de lino y se los volvían a llevar.

 

Las maternalias

La cuarta patita donde algunos expertos ponen el origen de la historias de Carnaval es la celebración que incumbía a las mujeres casadas en Roma: las maternalias.

Durante esta festividad, los esposos hacían regalos a sus mujeres y las esclavas disfrutaban el equivalente a las saturnales: unos días de libertad y asueto.

Actividades propias de las historias de carnaval

Dependiendo de donde vivas, es posible que el carnaval signifique muchísimo, poco o nada para ti. En muchas grandes ciudades, las celebraciones se limitan a fiestas de disfraces y cotillones nocturnos. Pero la historia del carnaval nos ha dejado un montón de tradiciones. Y podemos encontrar vestigios de algunas de ellas en libros y películas.

Así lo resumía Calderón de la Barca en su entremés Las carnestolendas

No hay quien no tema en las Carnestolendas:
el capón teme muerte supitaña,
el gallo ser corrido en la campaña,
el perro, de la maza el desconcierto,
las damas, de que el perro sea muerto,
las estopas de verse chamuscadas,
las vejigas de verse aporreadas,
la sartén si su tizne alguno pringa,
el agua que la sorba la jeringa,
el salvado de andar siempre pisado,
siendo a un tiempo salvado y condenado,
Cercadas nuestras ganas estos días
de ejércitos de mil pastelerías,
y tal hambre en el cerco padecemos
que hasta las herraduras nos comemos.

El columpio: un clásico de la historia del carnaval

En Andalucía y Extremadura era costumbre colgar columpios en los patios e incluso en el interior de las casas. Los mozos y las mozas se reunían luego allí y se columpiaban.

Existe una versión un poco más extrema de esto: la bamba, que consistía colgar una cuerda de balcón a balcón, en lados opuestos de la calle. El muchacho o la muchacha se sentaban en medio y sus compinches de correrías los columpiaban. Anotad, porque esta es solo la primera idea para que escribáis vuestras propias historias de carnaval.

 

Manteamiento y persecución de animales

Los perros y los gatos no lo pasaban bien en carnaval. Pero no nos gusta el maltrato animal, así que, si quieres saber más sobre ello, dejaremos que pongas en práctica tus dotes detectivescas en Google.

El tema del manteamiento del pelele es otro asunto. Se trataba de una actividad carnavalesca en la que se divertían sobre todo las chicas, que confeccionaban un muñeco de paja y lo manteaban sin piedad. A saber en qué pensaban mientras tanto.

 

Tirarse agua y huevos podridos

Nos ha encantado este juego que se traían hombres y mujeres durante la edad moderna en España, una época especialmente atractiva en cuanto a las historias de carnaval.

Por una parte, las mujeres tiraban agua a los hombres desde las ventanas. Las más ricas con jeringuillas, las más humildes con pucheros o baldes. Por otra parte, los hombres les devolvían el favor tirándoles huevos. Dependiendo de la fuente, se dice que las más guapas recibían bombas de agua perfumada y las más feas, huevos podridos. O que las de mejor posición eran las destinatarias de los perfumes y las más pobres las de los fétidos huevos.

Sí, sé que no nos hemos acercado todavía al carnaval actual ni a las máscaras. Allá vamos.

 

Historias de carnaval, máscaras y violencia

Las máscaras y la violencia mantienen una relación ancestral. Y este es uno de los motivos por los que se usan en obras de terror o en momentos donde se pretende crear tensión. ¿Has visto El orfanato? Al comienzo de la película hay una fiesta infantil en las que todo el mundo lleva máscaras de animales. Se supone que las han pintado los protagonistas y están hechas con trazos toscos y colores planos.

Entrevistamos a Marina Tena TenaEste tipo de caretas entroncan directamente con las antiguas celebraciones paganas y por eso despiertan en nosotros un sentimiento clarísimo de inquietud.

En realidad, todas las máscaras nos asustan. Fíjate en la portada de Legado de plumas: los dos personajes que aparecen en ella parecen enmascarados. Ese detalle te da la primera pista de que la novela no va a transcurrir en una plácida campiña.

Solo una cosa más antes de seguir con las máscaras y las historias de carnaval: En La purga, los malos llevan caretas de animales. Ahondaremos en eso enseguida, pero ya os adelanto que La purga es el mejor ejemplo de historia carnavalesca.

 

¿En qué ha consistido el carnaval a lo largo de la historia?

Si atendemos a lo mecánico, las personas que participaban en esta fiesta, así como los animales y algunos objetos, se veían obligados a hacer movimientos extraños, poco usuales e incluso cargados de violencia. Bailes convulsos, comidas pantagruélicas, pruebas físicas que incluían la muerte de otros seres vivos, etc.

En cuanto a lo social, el carnaval es el momento de la subversión. La palabra «carnaval» se forma a partir de las voces latinas «carne» y «levare», que quieren decir «el fin de la carne». El carnaval es el último momento del que disponen las personas para hacer gala de su carnalidad. Y carnalidad se ha identificado históricamente con el paganismo, con la irracional y con la locura.

 

Un vistazo a los libros

Por eso, en los libros sobre carnaval se usa la ambientación carnavalesca como excusa para que sucedan acontecimientos que en otros contextos resultarían inverosímiles. Así pasa en El barril de amontillado, uno de los cuentos más conocidos de Poe. Es una historia de carnaval de terror que, podemos afirmarlo con seguridad casi absoluta, no te dará miedo. Transcurre durante el carnaval de una ciudad cuyo nombre no se menciona. Podría tratarse de Venecia.

Se trata de un relato de venganza en el que el humillado se aprovecha de los vicios de su víctima. Lo emborracha y lo lleva a un lugar tan de Poe que debería llevar su nombre en el catastro: una especia de catacumba. La excusa es mostrarle un vino de extraordinaria calidad. Una vez bajo tierra, los acontecimientos no favorecen precisamente al borrachín.

Pero también se usan las fiestas de máscaras en novela romántica. Porque el anonimato nos permite desinhibirnos y lanzarnos a aventuras que no aceptaríamos a cara descubierta.

 

Violencia y carnaval

Estas son algunas de las actividades violentas más comunes en las historias de carnaval (reales y de ficción):

  • Proferir injurias a viandantes.
  • Hacer públicos secretos escandalosos.
  • Satirizar al prójimo sin piedad.
  • Robar objetos o colocarlos en lugares a donde no pertenecían.
  • Ensañarse con personas sobre las que se podía ejercer algún tipo de opresión.
  • Arrojar objetos humillantes.

Durante la mayor parte del año, las personas de clase social baja están sometidas a una gran presión. Pero eso cambia durante el carnaval, que se convierte en una vía de escape al malestar social. Incluso hoy en día, las celebraciones de carnaval no son especialmente seguras.

Como ves, La purga es una de esas historias de carnaval típicas. No sucede a principios de febrero, pero sí contiene todos los demás elementos. Se subvierte el orden social, puesto que se permiten los crímenes y, como en las saturnales, no hay diferencias entre ricos y pobres. Los asesinos llevan máscaras. Se come y sobre todo se bebe en exceso.

Una vez terminado el día grande, todo vuelve a su cauce en una perfecta secuencia de domesticación.

historias de carnaval

7 historias de carnaval para leer durante todo el año.

Llegó el momento que estabas esperando: nuestras recomendación de historias de carnaval. Ahora tienes una misión: encontrar los vestigios de las antiguas tradiciones en estas obras y y dejárnoslos en comentarios.

 

El carnaval de Roma, de Goethe

Goethe no era amigo del desparrame y la fiesta, pero sí viajo mucho. Estos viajes lo llevaron a Roma, donde conoció el carnaval y desarrolló sus propias opiniones al respecto. Eso es exactamente lo que encontramos en esta obra, junto a las ilustraciones bellísimas de Georg Melchior Kraus. Literatura de viajes para empezar nuestra lista de historias de carnaval.

 

Antología carnavalesca, varios autores

Antología carnavalesca historias de carnaval

Los autores (todos ellos hombres, no es culpa nuestra) de esta tratan de contestar a la gran pregunta: ¿nos ocultamos todos bajo algún tipo de máscara? Aquí encontrarás obras de Jacinto de Salas y Quiroga, Gustavo Adolfo Bécquer, Eduardo de Lustonó, Leopoldo Alas Clarín, Alejandro Larrubiera, Evaristo Carriego, Rubén Darío, Leopoldo Lugones y Delmira Agustini.

 

 

Fiesta al Noroeste, de Ana María Matute

Ni los temas ni la prosa de Matute son inofensivos. Esta novela comienza en una fiesta de carnaval y, a partir de ahí, se transforma en otra cosa. No esperes risas y jolgorio. Como dice la sinopsis:
«Dingo se llamaba Domingo, había nacido en domingo y pretendía hacer de su vida una continuada fiesta.» Así se nos presenta el protagonista de esta historia, Dingo el titiritero, que se dirige hacia el lugar del que huyó hace años, Artámila Baja, una aldea mísera de un rocoso valle.

Es la noche de carnaval y llueve en el hondo valle de gentes que no conocen otra fiesta que la del Noroeste. El carro del titiritero ha caminado por accidente sobre el cuerpo de un niño. Dingo acudirá al que es ahora amo del pueblo, Juan Medinao, quien iniciará un implacable recorrido por la memoria.

Con su sutil análisis, Ana María Matute logra mostrarnos la grandeza trágica de una vida malograda desde la niñez y lo hace con el humanismo y la poesía que la revelaron como una de las principales sensibilidades de la narrativa española contemporánea, ya en 1952,

 

Carnaval de pasiones, de Rona Jaffe

En esta ocasión la historia de carnaval de Jaffe transcurre en Brasil, donde tres amigas de origen estadounidense deciden pasar unas vacaciones. El problema es que la ausencia de obligaciones deja espacio para que afloren todo tipo de conflictos.
Carnaval y drama, ¿qué más se puede pedir?

 

El señor del carnaval, de Craig Russell

A nadie le amarga un best seller, así que incluimos en nuestra lista de historias de carnaval esta de detectives de la mano de Craig Rusell.
Jan Fabel, el Kriminalhauptkommissar protagonista de las tres primeras entregas de esta serie, pensaba que su relación con la muerte y el crimen había terminado. Sin embargo, justo cuando está barajando las posibilidades que tiene de emprender una nueva carrera fuera del departamento de policía de Hamburgo, un detective de homicidios de la ciudad de Colonia le pide ayuda para encontrar al Señor del Carnaval, un sanguinario asesino en serie que los tres últimos años ha matado a sus víctimas durante las famosas fiestas.

Por otro lado, María Klee, la ayudante de Fabel, está cerca de sufrir una crisis de ansiedad y se encuentra de baja indefinida, aunque, sin que nadie lo sepa, María ha decidido viajar a Colonia para dar caza a un asesino incluso más peligroso que el anterior. Uno con el que tiene una cuenta pendiente. Un tercer personaje, Taras Buslenko, comandante de las fuerzas especiales, también se encuentra en la ciudad escogiendo a los miembros de su unidad para una operación encubierta. Su objetivo: acabar con la vida de un criminal de legendaria crueldad, un compatriota exiliado en Alemania. Sus órdenes: no dejar que nada ni nadie se interponga en su misión.

 

Presagio de carnaval, de Liliana Bodoc

historias de carnavalSi te gusta la fantasía y no conoces a Liliana Bodoc, estás tardando en abrir uno de sus libros. Es autora, sobre todo, de literatura juvenil, ganadora del Premio Barco de vapor en 2008 y su trilogía, La saga de los confines, está traducida a varios idiomas
Esta es la sinopsis de Presagio de carnaval:

El día en que Mijaíl preguntó por Ángela y el carnaval, Sabino escuchó el retintín de la desgracia. Una plaza en la parte vieja de la ciudad. Un vendedor de yuyos que llegó desde Bolivia huyendo de la miseria. Una muchacha que no pudo vivir más allá ni más acá de su hermosura. Un vendedor de harinilla que se dejó ganar por el rencor para que el carnaval en el barrio de San Pedro fuera finalmente escenario de la tragedia.

 

El retrato de Carlota, de Ana Alcolea

Otra obra juvenil de Carnaval. En este caso, Carlota, la protagonista, viaja a Venecia para pasar las vacaciones de febrero en casa de su tía, escritora y dueña de un palacio. Allí no solo la espera la belleza de la ciudad, sino el irresoluble misterio de la muerte de su abuela, que llevaba su mismo nombre.
Niebla, canales, misterio y aventura hacen de esta lectura una delicia carnavalesca.

 

 

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Nuestra pregunta

¿Qué tradición de carnaval te parece más interesante de leer?

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