Todo el mundo sabe lo que es un narrador y para qué sirve, así que en este post no nos centraremos en ese elemento tan importante en cualquier relato, sino en la focalización.

 

De todas formas, empezaremos con un brevísimo resumen para luego centrarnos en el tema que hoy nos ocupa.

Narradores y focalización

Escritor vs narrador

Para mucha gente, la línea entre escritor y narrador no está demasiado clara. Yo lo resumiría en una frase:

El narrador describe lo que el escritor escribe.

 

Por simplificar un poco la cuestión, hay tres tipos de narradores externos:

 

1. Narrador omnisciente, vulgarmente conocido como “tercera persona”.

Este es el narrador que más confundimos o identificamos con el escritor. Como su propio nombre indica, conoce todos los detalles de la historia y también los sentimientos de los personajes acerca de ellos, aunque no participa en la trama.

 

2. Narrador objetivo

Para este tipo de narrador también se utiliza la tercera persona. Sin embargo, en este caso los hechos se narran tal como suceden, como una cámara que estuviera grabando una escena sin implicarse en ella. Suele utilizarse en tramas lineales (sin saltos temporales) y no expresa los pensamientos ni intenciones de los personajes, ni lo que va a suceder más adelante. O lo que es lo mismo, o tiene en cuenta contexto ni entorno.

 

3. Narrador personaje

En este caso, el narrador participa en los hechos, ya sea como protagonista o como testigo. Por esa misma razón, hay elementos de la trama que podría desconocer y en principio solo aporta su propio punto de vista a la historia. Para este narrador comúnmente se utiliza la primera persona si es protagonista, el narrador testigo suele ser en tercera persona.

 

Más específico es el narrador interno, que sería el típico personaje que cuenta una historia dentro de un diálogo (breve paréntesis: si la narración interna se alarga, utilizamos las comillas de cierre » para introducir cada párrafo de esa narración).

 

 

Cuando ya tiene claro el narrador que va a utilizar, el escritor deberá adaptar su lenguaje, sobre todo si se trata de un narrador personaje.

 

Ahora que ya tenemos claro el tema del narrador, podemos modelarlo y enriquecerlo con un recurso muy poco conocido y menos usado: la focalización.

 

¿En qué consiste la focalización y para qué sirve?

La focalización, como su propio nombre indica, se usa para poner énfasis y mostrar un determinado punto de vista de los hechos. Esto podría parecer algo obvio cuando el narrador es un personaje, sin embargo podemos la focalización es una herramienta que podemos aprovechar de muchas maneras distintas.

 

Por definición, la focalización no se suele utilizar con un narrador objetivo precisamente porque este  se centra en los hechos y no en la interpretación de los mismos, así que lo más habitual es combinar la focalización con un narrador omnisciente.

 

Porque en efecto, el narrador omnisciente conoce todos los detalles de la historia y todos los sentimientos, pero en algunos momentos es necesario mostrarle al público solo los de un determinado personaje.

 

Normalmente el narrador omnisciente cuenta la historia “desde fuera“, en tercera persona, pero haciendo que el público se identifique con el protagonista. Sin embargo a veces tenemos varios protagonistas o necesitamos dar más peso a un personaje secundario en un determinado momento. En esos casos podemos cambiar la focalización, dándole mayor dinamismo al texto.

 

Incluso cuando tenemos un narrador personaje puede sernos útil focalizar puntualmente en otro personaje distinto. Esto es, nuestro narrador nos contará con sus propias palabras cómo cree que se siente el otro personaje.

 

¿Cómo se usa?

Si damos más peso a un personaje en un determinado momento, tenemos que procurar hacerlo intencionadamente y de manera clara. He visto muchos textos en los que el autor cambia la focalización sin darse cuenta y el resultado es una sensación de confusión en el lector.

 

Hay que tener claro cuándo cambiamos el foco y por qué. He aquí algunos ejemplos:

  • La primera vez que entra en escena un personaje, es conveniente focalizar en él.

 

  • Cuando el protagonista conoce a alguien y nos interesa que el lector sepa cuál es la primera impresión de esa persona sobre el protagonista.

 

  • Cuando sucede algo que no afecta directamente al protagonista sino a otro personaje, pero cuyas consecuencias sí inciden en el desarrollo de la historia.

 

  • Cuando queremos que el protagonista pase a un segundo plano en un determinado capítulo.

 

Para cambiar la focalización, no basta con pasar a describir los hechos y los sentimientos de un personaje. También puede ser necesario adaptar el lenguaje, sobre todo para ayudar al lector a identificar que hemos pasado de un personaje a otro. A veces incluso se pueden intercalar en la narración palabras textuales del personaje en el cual queremos focalizar sin usar comillas.

Narradores y focalización

Un ejemplo

Como concepto abstracto, soy consciente de que es difícil entender la focalización, así que ahí va un pequeño ejemplo para intentar comprender mejor todas las dimensiones de una narración.

 

Imaginemos una situación en la que Ana está en un cajero sacando dinero, viene un tipo por detrás y le clava un cuchillo. ¿Cómo narraríamos esta historia? Tenemos un mundo de posibilidades:

 

  1. Narrador objetivo: simplemente describiríamos la escena y los personajes, incluyendo el pequeño diálogo entre los dos.
  2. Narrador omnisciente sin focalización: además, explicaríamos por qué fue Ana en ese momento a ese cajero y para qué necesitaba el dinero el atracador.
  3. Narrador omnisciente focalizando en Ana: después del atraco, mostraríamos a una Ana destrozada y aterrorizada; ya no volverá a ser la misma.
  4. Narrador omnisciente focalizando en el atracador: el atracador se siente culpable cada vez que ataca, pero necesita el dinero para sobrevivir.

 

¿Y si decidimos optar por un narrador personaje?

Podríamos tener un narrador testigo, un señor que pasaba por ahí cuando iba al trabajo y le cuenta a sus compañeros lo que ha visto.

 

Podría contarlo tal cual, podría identificarse con la víctima o incluso empatizar con el ladrón, o añadir algo de cosecha propia como que estos inmigrantes solo vienen a quitarnos el dinero.

 

Pero si ese mismo narrador contara la misma historia a la policía, la narración sería completamente distinta y la focalización posiblemente también.

 

Si la narradora fuese Ana, nos contaría en primera persona cómo vivió el atraco. Incluso podría permitirse el lujo de adornarlo mintiendo, decir que se defendió dándole una patada en sus partes o que en realidad no fue para tanto, aunque por las noches siga teniendo pesadillas.

 

Si el narrador fuese el atracador, nos hablaría de su vida de mierda y de lo que tiene que hacer para sobrevivir. También podría focalizar en su víctima, pobrecita, ella quizás tenga hijos y necesite el dinero igual que él.

 

Nuestra pregunta

¿A qué personaje del ejemplo prefieres focalizar? ¿Añadirías otra focalización?

Author

37 años. Asesora lingüística, escritora y experta en comunicación y lenguaje.

Queremos leer qué opinas:

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies