Juguemos a ser dioses, recreemos mundos inventados y personajes a nuestra medida. Busquemos escenarios, sorpresas y emociones. Mezclemos todo bajo una trama y hagamos una historia que podamos firmar. Pero todo ello siempre con un hilo conductor y mucha coherencia.

Ser escritor es ser creador, un pequeño dios en potencia que da vida y emociones a personajes que han salido de la mezcla explosiva entre cabeza y corazón. Su responsabilidad entonces es elevada. Porque logra atrapar a los lectores, jugar con ellos, darles mil vueltas hasta llegar a un sabor amargo o dulce al final.