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Por fin acabó el NaNoWriMo. ¡Felicidades, lo has conseguido! Han sido 30 días de, al principio, ilusión y, más tarde, frustración y desesperación. Pero aquí estamos, con un amasijo-de-palabras-inconexas/intento-de-novela/no-sé-exactamente-qué-es-esto de 50.000 palabras.

Tu proyecto de novela no puede quedarse en un cajón, así que tenemos que trabajar en mejorarla para que tenga coherencia, corrección y sea algo mínimamente leíble (y, quién sabe, publicable).

Irremediablemente el oficio y pasión por escribir necesitan mucho tiempo para poder obtener resultados y más si estos se traducen en un objetivo de ventas. Para la mayor parte de los mortales el problema se encuentra en conciliar la rutina agotadora con una actividad que requiere paciencia, documentación y altas dosis de imaginación.

Aunque el principal factor para ganar puntos en la tarea de escribir con creatividad sea hacerle el hueco necesario, también podemos poner en práctica algunos trucos simples y lógicos que animarán a las musas a pasarse y quedarse más tiempo en nuestra cabeza.

Este post está destinado a otro de los grandes ignorados, o más bien obviados, de la creación literaria: el estilo. Sí, sé que sabes que lo tienes, pero ahora vamos a intentar descubrir qué es lo que hace que tu estilo sea tan original y único.

Estás con la radio puesta, suenan los primeros acordes de una canción que nunca antes has escuchado, miras a quien tienes al lado y dices: “Esto es Sober”. Por supuesto, en cuanto acaba la canción el locutor te da la razón y la otra persona te mira preguntando cómo lo has reconocido tan rápido. Tú hábilmente respondes: “Pues… está claro, esa voz es inconfundible”.