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Rocío Molina

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Cuando te embarcas en la aventura de escribir una novela, piensas en el final como el momento más apoteósico. Sientes que cierras una etapa y te despides de unos personajes que han estado contigo hasta en sueños. Tu rutina a la que te has enganchado en estos últimos tiempos se va a alterar irremediablemente y sientes ante tanto cambio un vértigo indescriptible.

Por un lado, eres afortunado porque tu meta es ya una realidad y, por otro, se despiertan todos los miedos que, silenciosos, siempre te han acompañado. Ese limbo entre deseo y temor puede ser el culpable de que el final de la novela se precipite hacia un desenlace nada memorable. De verdad que es tan malo dejar de creer en tu trabajo como las prisas por querer acabarlo.

No todas las narraciones son tan simples como para cumplir religiosamente el esquema de introducción, nudo y desenlace. Vamos a ir más allá. Toca desvelar al lector seis maneras que tiene el escritor de contar historias. Se trata de una serie de únicos arcos emocionales, que se aplican más al género dramático que al cómico, y que identificaréis en diferentes obras.

Inspirados en la vida de los dioses o en relatos contados de generación en generación, han trascendido en el tiempo y en el fuero interno de los autores hasta convertirse en verdaderos esqueletos emocionales. Su recopilación ahora se la debemos a un estudio de la Universidad de Vermont en Burlington, aunque a buen seguro que detrás de cada explicación reconoceréis los patrones de los que os hablo.

No eres el único al que le ha pasado, te lo aseguro. Puede parecerte hasta paranormal, pero en realidad no lo es. Te preguntarás cómo es posible que tras escribir cientos de páginas llegue el momento de la dedicatoria y te quedes por completo en blanco.

Antes de convertirte en una estatua de sal incapaz de construir una frase, se te pasarán por tu cabeza los nombres de muchas personas, lugares que te inspiraron y diferentes formas de rendirles tu propio homenaje, aunque, en un principio, no lograrás la forma de materializarlo en palabras.

Los comportamientos de los personajes no surgen aleatoriamente. No penséis que un carácter diabólico aparece solo por la manía del escritor. Bajo un aspecto cruel o en su defecto bondadoso, nuestros protagonistas esconden historias que explican las verdaderas razones de sus conductas.

Así, para acercarnos más a ese origen que al final determina todo el historial del personaje tenemos que prestar especial atención al trasfondo. Esto no vayáis a pensar que es un detalle sin importancia porque será la base para la construcción de la identidad de nuestras figuras. Al final, todo ello quedará reflejado, por supuesto, en las respectivas fichas de personaje.

Amigo escritor, sé que puedes tener algunas manías en tu día a día. Entiendo también tu sed de reconocimiento y el anhelo porque tu trabajo se convierta en la obra de cabecera en nuestras estanterías. De verdad que me pongo en tu lugar e intento comprender. Lo que pasa es que en tu obsesión desesperada por hacer el próximo bestseller estás agotando la paciencia de los seguidores.

Permíteme que te diga que has llegado a ser lo más parecido a un robot o bot (que, por cierto, tanto usas) y has vendido por entero tu personalidad a cambio del halago fácil y de hornadas de fans que automáticamente te siguen sin conocerte y (voy más lejos) sin ni siquiera leerte.

Sabemos que entre los propósitos que cada año te marcas destaca por encima de todo el de retomar ese blog de escritor que hiciste una noche de euforia literaria. Sí, amigo, ese espacio que un día decidiste abrir al amparo de la creatividad y que ahora está abandonado a la deriva en el mundo de la blogosfera.

Tras meses de desencanto te preguntas una y otra vez qué es lo que falló de tan buen plan. Por más que lo intentas no logras que el proyecto remonte y al final el sitio web se convierte en un episodio pasajero.

Creo que tras haber pasado un tiempo prudencial ya me vais conociendo. Y sí, creo en las historias de héroes, pero también en las princesas autónomas y en lo que se puede aprender de un cuento. Soy muy crítica conmigo misma y tengo una curiosa relación de apego (tal vez demasiado) por las comas. Pero lo que seguro que no sabréis hasta esta confesión es que yo también he caído en los concursos estafa y en los premios literarios trampa.

No es ningún secreto que hay editoriales que viven de lanzar colecciones a base de la ilusión de los escritores. Bajo un pretexto sencillo y un eslogan atractivo, plantean el concurso. Este tendrá un premio en mayúsculas, pero también letra pequeña que no deberíamos de ignorar. La trampa será inevitable si no se detectan unas señales previas:

“Nuestros dolores son una isla desierta”. Así definía Albert Cohen en la obra El libro de mi madre el sentimiento ante la pérdida de su ser más querido. En ella nos recoge en esencia la individualidad del dolor; lo difícil que es predecir unos patrones para describir la forma de afrontar el duelo ante la muerte. Con ello seguramente nos esté introduciendo en uno de los retos más difíciles a los que tendrá que hacer frente el escritor en su novela.

Y desde luego que no existe un único camino para dotar a nuestros actores de esa pena que nace desde dentro. La complejidad puede estar, en el mejor de los casos, en no haber vivido una experiencia similar.

Hacerse un autor conocido no es tarea fácil. Podemos tener un blog que resulte el mejor escaparate para mostrar la creatividad, pero no será suficiente para alcanzar la deseada fama. Es cierto que al publicar contenidos tenemos ya la primera batalla ganada. Aquí estaremos ante la materia prima que da sentido a todo. Y entonces os preguntaréis, ¿qué es lo que nos faltará?

Sin duda la respuesta está en el alcance de la audiencia. A través de su aprobación sabremos si estamos o no en el camino acertado. Conseguir difusión de nuestro trabajo será el motor que nos lleve al reconocimiento. Por eso, se convertirá en fundamental el guestpost para llegar a tener notoriedad. Bajo este término hacemos referencia al denominado ‘post de invitado’.

Hay matrimonios que no se entiende que permanezcan juntos. Los podemos ver entrelazados por caminos confusos. Los asociamos equivocadamente con una versión unida y feliz, y son en realidad apariencias engañosas. Aquí encuadramos la relación entre estereotipos y arquetipos.

Estamos ante conceptos que se utilizan a la ligera con un mismo significado, pero que el propio diccionario nos avisa de que son polos opuestos. Conocer sus diferencias será clave para no cometer errores mayúsculos.

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