Literup os trae una nueva crítica creativa (si desconoces qué diferencias hay con una reseña, este artículo es para ti)

La primavera está a la vuelta de la esquina y con ella vendrán los días soleados, el calorcito; y poco después, el verano. Pero nosotros os traemos una crítica que os dejará congelados. Literalmente. Os invitamos a entrar en el mundo helado de El tren.

Realizamos el sorteo de un ejemplar desde el miércoles 21 de marzo hasta el miércoles 28 de marzo en nuestra página de Facebook.

Como en otras ocasiones, os recordamos que estas críticas se disfrutan más si se ha leído el libro o se está haciendo lectura simultánea, para poder entender todos los elementos que aquí se explican con el texto delante. Hay un enlace a Amazon para comprar el libro al final del artículo.

El tren

Empezaremos con una breve sinopsis:

Un mundo desconocido, unas vías de tren que llevan allí más tiempo del que cualquiera pueda recordar y un objetivo. Jules Gare y su equipo tienen una misión: llegar al final de esas vías del tren y descubrir qué ocultan. Pero el camino no es fácil y está plagado de peligros dentro y fuera del tren. ¿Lograrán saber qué hay al otro lado?

Teresa P. Mira de Echeverría nació en Buenos Aires (Argentina) en 1971. Es Doctora en Filosofía, ha dado numerosas conferencias y charlas en varias universidades y fundaciones sobre el vínculo entre ciencia ficción, filosofía y mitología, tema sobre el que realiza su investigación y que ha introducido en sus cátedras.

Ha publicado numerosos artículos premiados y cuentos en revistas de gran relevancia, además de haber participado en diversas antologías, entre ellas Terra Nova, cuyo cuento, Memoria, fue nominado al premio Ignotus. También tiene diversos cuentos traducidos al inglés y francés, una antología en colaboración con su marido, Guillermo Echevarría, y recientemente ha publicado Lucus Naturae, una novela de ciencia ficción experimental.

 

Los pros

La trama

Hacía mucho tiempo que no me encontraba con una historia tan evocadora y tan bien construida. A pesar de que en un primer momento pueda parecernos que la historia comienza a medias, no es así. Solo somos testigos de cómo Jules rememora el comienzo de la expedición tras el reclutamiento de Polter mientras el tren simplemente avanza.

«Me quedé observando a Polter con vívido interés. Yo sabía que se había ofrecido como voluntario en esta misión de reconocimiento porque tenía una agenda propia, algo referido a una de esas retorcidas costumbres endogámicas de los eositas», página 5.

La historia comienza, sin más, con el paisaje irreal mientras se nos presentan a todos los personajes.

Es una estructura simple, pero que funciona de maravilla gracias a la sutilidad del estilo narrativo de la autora. Nos deja caer detalles como quien no quiere la cosa y es así como nos informamos poco a poco. Por qué hacen ese recorrido, quiénes son los astados y sus cualidades sobrenaturales. Y junto a esto, vamos conociendo a los personajes, su personalidad, su pasado y lo que les une. Pero siempre despacio, sin sobrecargar. Y con sinceridad, es un modo de tratar la ambientación de ciencia ficción que me encanta.

«Alguna vez habíamos resuelto este tipo de situaciones con largas y poco amistosas prácticas de esgrima. Si afuera el mundo no se redujera a un pantano lodoso cubierto de hierbas semitransparentes, habría hecho detener el tren y lo habría retado a un duelo. Pero aquel tiempo y aquel modo de dirimir tensiones ya había pasado para nosotros.  Dejé los papeles en el cuidadoso desorden que Pierre tanto consentía y me encaminé a la puerta», página 9.

 

Jules y Pierre

Son comandante y segundo al mando, amigos, amantes, pareja y protagonistas de esta novela. El drama que nos dan estos dos en su juego de mantener las apariencias, de celos y confianza es desgarrador.

Lo que en un primer lugar puede parecer un rollo fortuito entre compañeros de trabajo, vemos cómo con el tiempo es mucho más serio que eso. La autora nos va descubriendo hasta qué punto está consolidada la relación de ambos. No solo cómo esta afecta a su trabajo o a la relación con los demás pasajeros del tren, sino en la trama.

«(…) Le juro que yo creí, jefe… Yo creí sinceramente que Jules… que él me amaba, ¿entiende? (…) ¡Y no crea que son celos! ¡No soy un efebo adolescente! Me importa una mierda que me haya sustituido por un recluta o que el muchacho tenga la mitad de mi edad, ni siquiera me importa su belleza. Lo que me importa es que ese chico no lo ama… y yo sí», página 31.

El clímax y la tensión de la trama llegarán a tal punto que todo terminará estallando. Jules se confesará mientras la mitad de la tripulación caerá en combate. Sin duda, la autora sabe manejar la estructura de su propia obra.

«—No sé qué piensas que he podido decirle a otros o a otras; pero esto que voy a decirte es solo tuyo, y es algo que yo necesito exponer ante mí mismo en voz alta: tú eres mi razón de ser. El jodido amor de mi estúpida vida», página 72.

Sin duda, una de las parejas principales más creíbles y consistentes que he visto en mucho tiempo.

 

Los astados

Son la raza nativa del mundo en el que están las vías de plata. Ni siquiera ellos, seres longevos en sintonía con el mundo traslúcido en el que viven, saben qué significan o de dónde vienen. Su presencia es meramente testimonial en gran parte del libro, no podemos ponerles en forma hasta que por fin chocan con ellos.

Los astados son lo más parecido a los nativos americanos, cuya intención es alejar a los exploradores de sus vías sagradas, o los matarán. Aunque permiten a Jules y a Pierre estar en su planeta, debido a que fueron tocados por él, directa o indirectamente. En cualquier caso, los astados tienen medios suficientes para defender su hogar.

«Luego reparé en cómo su mano se fundía con la lanza que portaba, cómo el humo de su estructura parecía jugar con la singular epidermis de sus palmas, que era idéntica a la piel de mi cuerpo. Supe de inmediato que esa cosa no me haría daño jamás. Yo había sido “lamido por el planeta”. Cuando enarboló la lanza sobre la regia magnificencia de sus astas tuve la seguridad de que me atravesaría limpiamente sin dañarme», página 68.

Estos seres forman parte del imaginario evocador que ha creado la autora. Solo podemos guiarnos por los pocos datos que nos dan sobre la cultura de los astados y sus costumbres. Esta nueva forma de vivir choca con lo más parecido al occidentalismo que es la mentalidad cultural de Jules.

«Pensé en aquello y sentí una mezcla de alivio y admiración (hacía tiempo que había vencido la repugnancia ante lo distinto). Aquellas no eran mis costumbres, pero podía apreciar la belleza del equilibrio que otras razas u otras culturas habían tejido. Sin embargo, seguía pensando en la relación marital de Polter y Aurora como en algo… extraño. No lo sé, tal vez fuese un tonto condicionamiento cultural, tal vez simples celos», página 76.

Sin faltas de ortográficas a la vista

A pesar de que esto no sea un pro como tal, sino un mínimo por parte de cualquier autor, hay que reconocer los méritos cuando los vemos.

En este caso, la novela está impecable. Los diálogos están bien puntuados, no hay errores ortogramaticales o tipográficos. A pesar de que no sea muy partidaria del lenguaje culto para una novela de space opera, también se mantiene un uso correcto de este.

 

Los contra

Un triángulo amoroso que no llega a segmento

La trama de las relaciones de Jules se entrelaza continuamente con la principal. Esto es dado porque su semirrelación con Polter es el desencadenante de la misión. Si solo fuera una razón para comenzar el viaje, miraría todo el desarrollo de este personaje secundario bastante correcta. Sin embargo, sus encuentros pasionales con el comandante parecen un vano intento de drama por el drama.

«Si el desahogo había sido para mí, entonces no había funcionado como lo había planeado. Si la concesión había sido para el chico eosita, no creo que le sirviese de mucho; no con esa dichosa hermana suya dando vueltas en su mente y en sus labios mientras fornicábamos. Y si mi venganza había sido para con Pierre… bueno, entonces yo era el ser más despreciable que conocía», página 13.

Tal vez, en una visión global de la novela, la autora tomó esta decisión en pos del conflicto entre la pareja principal. Creo que realmente era innecesaria. Jules es un personaje suficientemente complejo como para dar ese conflicto de pareja. El drama que se buscaba podría darse sin necesidad de una tercera rueda.

 

El final

Había muchas formas de terminar esta novela.

En una obra tan libre, en un mundo del que tenemos pocos datos, las posibilidades son prácticamente infinitas. Por lo tanto, nunca te esperas el final. Una especie de viaje temporal al pasado donde se encuentran con unos seres literalmente indescriptibles, que parecen ser los creadores de vías de tren. Tras esto, el epílogo remata con una explicación de cómo se resignaron a vivir en ese supuesto pasad.

Sinceramente, y viendo el ritmo que llevaba la novela, me esperaba otra cosa. Que las vías no tuvieran fin, que dieran la vuelta al planeta; algo que no fuera tan inconsistente. Porque sí, es verdad que es casi imposible escribir un buen final y que la clave es sorprender al lector con coherencia.

El tren

 MI PoV

Me ha gustado, más de lo que esperaba.

El personaje de Jules, aunque demasiado sensible para mi gusto, demuestra un equilibrio perfecto entra la inseguridad y las dotes de mando. Esto lo convierte no solo en un gran protagonista, sino un eje central sobre el que avanza toda la trama bien sustentado.

Además, el mundo que ha creado la autora  me parece asombroso, a pesar de los pocos datos que tenemos de él. Tal vez poco aprovechado una vez vistas las posibilidades que podría ofrecer, pero eso ya es cosa de la autora.

 

Nuestra pregunta

¿Qué opinas de los triángulos amorosos en las novelas? ¿Es un buen recurso narrativo?

 

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Author

24 años, Pontevedra. Historiadora del arte, colaboradora en PontevedraViva y cuando no muero entre estrés y café, crítico en Literup

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