Cuando asistí a mi primer curso de escritura creativa, hace ya la friolera de doce años, yo quería ser la protagonista, la guay de la clase. Esto es extrapolable a cualquier sitio en realidad. El caso es que, cuando dimos los distintos tipos de narradores, yo quería hacerme la más chula del grupo y decidí escribir un relato usando un narrador en segunda persona.

Sobra decir que es un tipo de voz muy complicada, así que lo mejor es que leas el artículo y comprendas cómo narrar en segunda persona. Porque yo, en ese momento, no entendí nada de nada. Aunque tengo que admitir que me salió un relato apañado.

Cómo usar el narrador en segunda persona

Qué es un narrador en segunda persona

Se trata de aquel narrador que cuenta la historia a un tú o vosotros. ¿Ya está? ¿Para esto tanta complicación? Pues sí.

Aunque se trata de un tipo de historia menos habitual (en cuanto a la voz que la cuenta se refiere), también la puedes encontrar en la literatura. Desde Cinco horas con Mario de Miguel Delibes, hasta Un lugar pagano de Edna O’Brien entre otras.

Como ves, no soy la única que quiso probar con este tipo de narrador tan especial. ¿El motivo? Lo encontrarás a continuación.

 

¿Homodiegético o heterodiegético?

Por escoger este tipo de narrador no tienes que renunciar a la historia que habías ideado: “Te has ido tan lejos que ya no puedo preparar tu café por las mañanas”.

 

Homodiegético

Un narrador en segunda persona homodiegético (que forma parte de la historia) es aquel que es protagonista y/o testigo de la historia. Es decir: tu voz narrativa sabe lo que está sucediendo, pero nada más.

En ese caso recuerda que no puede aportar puntillas sobre los pensamientos o hechos de otros personajes ni tampoco movimientos al pasado o futuro. Es un tipo de narrador que vive lo que está sucediendo en la historia y ya está.

Podemos encontrar este tipo de narrador en muchos relatos o en la novela Cinco horas con Mario de Miguel Delibes, aunque tenga pinceladas de conocimiento externo:

[…] ¿Desconfiada? Llámalo como quieras, pero lo cierto es que los que presumís de justos sois de cuidado, que el año de la playa bien se te iban las vistillas, querido, […] el mejor hombre debería estar atado, a ver.

 

Heterodiegético

Por otro lado, el tipo de narrador en segunda persona heterodiegético (externo a la historia) es aquel que conoce lo que sucede y mantiene una distancia con la trama y los personajes. Se trata de un tipo de narrador omnisciente, aunque lo sitúes en una segunda persona.

En este caso puedes encontrar la novela Aura de Carlos Fuentes, en la que un narrador en segunda persona heterodiegético cuenta las vivencias del protagonista conociendo todo lo que sucede. O Diario de Invierno de Paul Auster, como en el siguiente fragmento:

Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro”.

 

¿En qué se diferencia?

Ahora te estás planteando en tu casa que si un narrador en segunda persona puede ser omnisciente o testigo… ¿en qué se diferencia de cualquier otro tipo? O, mejor dicho: ¿por qué debería escoger un narrador en segunda persona en lugar de otro tipo de voz?

La solución es muy sencilla: el destinatario de tu historia.

Y es que, aunque tú no estés escribiendo tu novela o tu relato para una persona concreta, sino para un lector general, el narrador en segunda persona habla directamente a alguien. Este “destinatario interno” que encontramos es el lector que disfruta de la obra.

Por ello, se trata de un tipo de narrador especialmente cercano. Incluso, si no se trata con cuidado, puede resultar agresivo. Te recomiendo especialmente utilizarlo en historias en las que necesites la identificación con el narrador por parte de tu lector. E, incluso, compartiendo tipo de narrador.

Es algo agotador para la persona que recibe la historia y, o lo escribes con muchísimo cuidado, o es posible que te abandonen a mitad del camino.

En otros casos, como en Cinco horas con Mario, el “tú” al que se dirige no es el lector, sino Mario. Por lo que, si tu historia va “dirigida” a un personaje, puede ser una idea excelente que no tiene por qué agotar a tu lector.

 

Cómo usar el narrador en segunda persona

Para ser capaz de usarlo correctamente (y no agotar a tu lector) te damos las claves que tienes que tener en cuenta:

 

Identidad y relación con el receptor

Es importante para hacer un texto con un narrador en segunda persona que dejes bien claro desde el primer momento quién está narrando. ¿Es protagonista? ¿Secundario? ¿Es su madre muerta?

Aquí entra en juego si se va a tratar de un narrador en segunda persona homodiegético o heterodiegético. Recuerda que puede ser quien tú quieras, pero que el lector lo sepa lo antes posible. Además, esto marcará el modo en que se comporte y/o se dirija a su receptor.

 

Contexto

Si en cualquier tipo de historia que escribas, el contexto en que se desarrolla es fundamental, aquí aún más. Ten en cuenta que se trata de una relación más o menos estrecha con los personajes.

En ese caso es fundamental que sepas si pueden ser de distintos sexos, si se hablan de tú o qué tipo de comunicaciones pueden mantener.

 

Ventajas y desventajas

Como todo en esta vida, utilizar un narrador en segunda persona tiene sus cosas buenas y malas. Ser capaz de verlas y reconocerás te ayudará a saber si es una buena opción para tu historia.

 

Ventajas

El principal punto positivo que tendrás si haces una historia con un narrador en segunda persona es la gran oralidad que aporta. Es decir, que si tu historia narra hechos sucedidos en el pasado o le da importancia a todo aquello que es vox populi, es un narrador perfecto para ello.

Otro punto positivo es la gran cercanía que encontrarás entre este narrador y el lector. Es casi imposible no identificarse al momento y sentir que le están hablando directamente al lector. Así que, si quieres conseguir una empatía importante entre narrador y lector, es perfecto para ti.

Y, por último, se trata de un estilo menos habitual a la hora de narrar historias. Previsiblemente encontrarás muchas menos historias con un narrador en segunda persona que de otro tipo. Esto aportará originalidad a tus textos.

 

Desventajas

Básicamente, las desventajas son las mismas del punto anterior. Por un lado encuentras que puede aportar tantísima oralidad que es posible que le reste templanza. Es decir, es posible que tu historia resulte más “cháchara” que algo verdaderamente serio.

Además, el hecho de que las grandes sagas o cantares de gesta tengan un narrador en segunda persona no hace sino aumentar esta sensación de falsa grandilocuencia.

Por otro lado, es tan cercana la relación narrador-lector que si no deseas que la identificación sea tan fuerte (imagínate que, al final, es el malo y quieres que el lector lo odie) te va a costar.

Es más que probable que agotes al lector con tanta segunda persona. De hecho, seguro que tú mismo/a estás cansado de leer este artículo así narrado.

Y, por último, el gran punto en contra de la historia. Sí, serás mucho más original, pero también te digo, por experiencia propia, que es muy complicado escribir un texto largo con este tipo de narrador.

 

Conclusión

El narrador en segunda persona puede ser todo aquello que necesites: protagonista, un personaje externo, alguien que logre identificar al lector consigo rápidamente o que pretenda tenerlo cerca. Es una técnica perfecta según el tipo de historia que estés escribiendo, la pregunta es… ¿te va?

Cómo usar el narrador en segunda persona

Nuestra pregunta

¿Qué novela te encantaría que hubiera estado escrita en segunda persona?

Author

Llovía, nací, crecí e hice Periodismo. Escritora de 'La gelba' y vikinga en mis ratos libres desde hace 27 años. En mi blog 'Adriana Tejada. Escritora', me peleo con el #RetoRayBradbury. El resto del tiempo bebo agua, vendo libros y acoso a perros. Mother of Beagles.

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